Aceptar una equivocación no es difícil solo porque hiere el ego; es difícil porque nuestra mente construye una realidad donde el error no existe. No estamos mintiendo para salvar la cara; realmente estamos convencidos de nuestra verdad.p
Decimos que «si la vida fuera fácil no tendría sentido», pero lo decimos con un romanticismo barato que ignora la realidad neurobiológica y existencial.