Aceptar una equivocación no es difícil solo porque hiere el ego; es difícil porque nuestra mente construye una realidad donde el error no existe. No estamos mintiendo para salvar la cara; realmente estamos convencidos de nuestra verdad.p
Vivimos bajo el error lógico de creer que la validez de un hecho depende del número de personas que lo respaldan. Es lo que llamamos la falacia argumentum ad populum: si todos lo dicen, debe ser cierto.
Se nos ha dicho que el cielo es para los pobres de espíritu, y muchos lo han interpretado como una invitación a ser mediocres, pasivos y dejarse pisotear.