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Nos han vendido la «soberanía» en un envoltorio de papel encerado y nos la hemos tragado con una sonrisa de satisfacción. Te dicen que eres libre, que eres el dueño de tus deseos, que nadie te dobla. Pero mira tu reflejo en la grasa que queda en el plato: no eres un soberano, eres un usuario final. Un destino de descarga para los desechos de otros.


La Estafa de la «Recompensa»

Es fascinante la ironía. El mismo sistema que te vende la idea de que «nadie debe decirte qué hacer», es el que te pone una hamburguesa de tres pisos frente a la cara. Te susurran al oído que te lo mereces. Que después de una semana de ser un engranaje útil o de simular que lo eres, tienes el «derecho» de sabotear tu propio templo biológico.

«Una no es ninguna», dicen. Es la frase preferida de los traficantes de mediocridad.

¿Ya te fijaste quién te vende ese discurso? No es alguien que quiera tu libertad; es el tipo que necesita que tu voluntad sea de plastilina. Te venden la «indulgentia» moderna. Te someten a través de tus instintos más bajos mientras te hacen creer que elegir ese veneno es un acto de rebeldía personal. Felicidades, tu gran acto de rebelión es convertirte en un contenedor de beneficio de un corporativo.

La Dictadura ?

La verdadera esclavitud no viene con cadenas de hierro, viene con dopamina. El sistema sabe que si te prohíbe algo, te rebelas. Pero si te dice que «te des el gustito», te entrega las llaves de tu propia celda y tú entras caminando, agradecido y salivando.

Nos engañaron. Nos hicieron creer que ser «soberano» significa seguir cada impulso gástrico o sexual que cruza por nuestras sinapsis. Pero un individuo que no puede decirle «no» ,no es libre. Es un súbdito de su propia química cerebral, programada por expertos en marketing que saben exactamente que decir para que ignores tu propia decadencia.

Soberanía es Negación

La verdad es que :la única soberanía real es la capacidad de doblegarte a ti mismo antes de que el mundo lo haga. Si el vendedor de hamburguesas te dice que eres libre de comer su veneno, y tú obedeces, no estás ejerciendo tu albedrío; estás siguiendo sus instrucciones de uso.

El sistema te quiere blando, te quiere inflamado y, sobre todo, te quiere convencido de que tus debilidades son «decisiones de estilo de vida». Un cuerpo enfermo y una mente adicta a la gratificación instantánea no inician revoluciones, no crean imperios y, ciertamente, no poseen soberanía alguna. Son solo ganado que se cree dueño del matadero porque le permiten elegir el color de la puerta.

Si quieres ser un individuo soberano, empieza por escupir el anzuelo. La libertad no es el derecho a destruirte; es el poder absoluto de negarle a los demás el placer de verte caer por un «gustito».


| Mente PRAXMA | Te llaman «soberano» para que no sientas el peso del yugo mientras masticas tu propia derrota.


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  • Cuando finalmente logras que tu cosecha sea abundante, el mundo se apresura a ponerte una etiqueta: Egoísta. A nadie le interesa el proceso. Nadie quiere saber cuántas veces tuviste que elegir entre pagar una factura o comprar semillas. Para la masa, tú eres ahora el «sucio ricachón» que despilfarra. Te ven como un villano de…

  • El emprendedor real come frío. No conoce los «puentes» ni los feriados. Absorbe el estrés de cinco, diez o cincuenta familias sobre su espalda, mientras los beneficiarios de ese estrés se quejan de que el aire acondicionado no enfría lo suficiente.

  • Es imposible no sentir un nudo en la garganta. Es imposible no mirar al cielo y gritar: «¡Maldito seas, Dios! ¡Me cago en tu nombre y en tu supuesta justicia!». Cualquier ser humano con sangre en las venas te daría la razón, lloraría contigo y maldeciría a ese universo cruel que te destruyó sin piedad.

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