Tienes miedo de dejar de estar «en el foco», de que la gente piense que te rendiste. Te importa más la opinión de los que te ven hundirte desde la orilla que la integridad de tu propia estructura.
Quien se queda solo en el poder es porque su inseguridad fue más grande que su visión. El verdadero soberano no necesita que lo amen, necesita ser indispensable.