Te llenaron la cabeza de «valores», «costumbres» y esa piedad social que te enseñó a pedir permiso antes de respirar.
Es ese nudo en el estómago que sientes cuando estás a punto de ganar el triple que tu padre, o cuando tus ambiciones no caben en la sala de estar de la casa donde creciste.
Se nos enseña que el beneficio individual es secundario al beneficio común. Otra mentira para mantener la maquinaria funcionando a costa de tu energía