Todos quieren la foto final, pero nadie soporta el olor a sangre en las garras. Nos han domesticado con la idea de que el éxito es un evento mágico que le ocurre a los «elegidos», mientras que a los demás nos toca conformarnos con las sobras del banquete ajeno. Te dijeron que eres un espectador,…
Te vuelves un observador cínico de tu propia vida, viendo cómo todos se alimentan de tu éxito mientras tú te mueres de hambre de algo que el dinero no puede comprar: una puta conexión que no tenga un precio adjunto.