La mayoría de ustedes camina por la vida mendigando «oportunidades», pero cuando la oportunidad les escupe en la cara, se limpian el rostro y piden una servilleta de papel. Esta no es una historia de éxito; es una autopsia social sobre un hombre que decidió buscar sucesores entre su servidumbre y solo encontró cadáveres financieros
Desde que nacen, los adoctrinan con la idea de que «encajar» es sobrevivir, de que deben moverse al ritmo de los tiempos, de que si no se suben a la ola, se ahogan. Les dicen que sigan la tendencia, que sean «relevantes» hoy, ahora mismo.
Todos quieren la foto final, pero nadie soporta el olor a sangre en las garras. Nos han domesticado con la idea de que el éxito es un evento mágico que le ocurre a los «elegidos», mientras que a los demás nos toca conformarnos con las sobras del banquete ajeno. Te dijeron que eres un espectador,…
Te vuelves un observador cínico de tu propia vida, viendo cómo todos se alimentan de tu éxito mientras tú te mueres de hambre de algo que el dinero no puede comprar: una puta conexión que no tenga un precio adjunto.