Es imposible no sentir un nudo en la garganta. Es imposible no mirar al cielo y gritar: «¡Maldito seas, Dios! ¡Me cago en tu nombre y en tu supuesta justicia!». Cualquier ser humano con sangre en las venas te daría la razón, lloraría contigo y maldeciría a ese universo cruel que te destruyó sin piedad.
La iglesia moderna, en su afán de no ofender a las masas mediocres, ha extirpado los testículos del cristianismo. Se aferran al «sed mansos como palomas» como si fuera una invitación a ser alfombras humanas. Pero la cita completa es una advertencia de guerra, no un manual de etiqueta
La moral colectiva te dirá que «creer» es un acto de humildad. Yo te digo que recibir potestad es un acto de guerra. Es aceptar un arma que te obliga a elevarte por encima de la masa que solo sabe «venir» pero nunca «ser hecho». Si se te ha dado la oportunidad, ya no tienes…